OBLIVIUM. Seleccionada 55 Premio Reina Sofía.

OBLIVIUM_EVA_GONZALEZ_MORAN

Acuarela/Papel, 114×146 cm, 2019.

Mi padre siempre tuvo una memoria impresionante. Los compañeros iban a verle cantar los exámenes, como quien va al teatro, porque debía de ser un espectáculo. 

Podía estar horas recitando poesías, relatos y oraciones. Fragmentos enteros de algún libro, listas de cualquier materia dentro de su pasión y profesión, que era la medicina.

Pero al final los recuerdos se evaporan, se desvanecen. Van perdiendo nitidez, se les borran los bordes y se pierden en una niebla espesa. Intentamos recordar instantes vividos, y nos vamos enredando en una nebulosa. Con los recuerdos que perdemos, se nos va también un poco de vida.

Hace dos años, uno antes de morir mi padre, le hice unas fotos tomando un café. “Piensa en un recuerdo”. Y sus ojos viajaron a algún rincón escondido, dejando la mirada colgada en una nube. Me parecían tan de niño, tan transparentes a pesar del velo de sus 90 años. Estábamos sentados en una mesa junto a un ventanal, viendo pasar la gente. Esa luz, esas fotos, esa tarde… Ese es mi recuerdo. Esos ojos tan tiernos y tan queridos. Esos que no quiero borrar de mi memoria, por mucho tiempo que pase. 

De eso trata Oblivium.

 

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