Magenta

Acuarela / Papel, 30×40 cm

Su curiosidad de niña sacaba los colores a su madre. Pero esa misma inquietud la hizo llegar siempre hasta el horizonte, siempre encontrando recursos, alternativas al dolor. Se aferró a la vida, saltando de rama en rama como una ardilla, con su misma ebullición permanente. Sigue dando amor hasta la extenuación y sus nietos le siguen pidiendo que les cuente la historia de esa tarde cuando soltó a todos los caballos de las cuadras para verlos correr en libertad.

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